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La España que gobernará Rajoy

22 noviembre, 2011

España cerró el domingo uno de los períodos más negros de su historia reciente. ¿Qué ocurriría en un barco si, al desatarse la tempestad, se le diera el timón al más inepto de los marineros? Ese ha sido el destino de España en su última legislatura (2008-2011), cuando la peor tormenta financiera coincidió con el gobierno más disparatado que pueda imaginarse. Su presidente Zapatero, por no saber, no sabía inglés siquiera. A quien es incapaz de mantener una conversación elemental en inglés, términos económicos como “circulante”, “falta de liquidez” o “prima de riesgo” le suenan a chino. Si los mejores líderes se rodean de personas más inteligentes que ellos, Zapatero, al contrario, nombró como ministros a personas sin título universitario o a recién licenciados como Pajín, de una limitación intelectual severa.

El navío, como era previsible, embarrancó, entrando agua por todas partes. El país presenta hoy la cifra más alta de paro de la Unión Europea (21,5%), con un desempleo juvenil del 45%. O, lo que es lo mismo, 5.000.000 de personas quieren trabajar y no pueden. La prima de riesgo alcanzó hace unos días los 500 puntos básicos: por encima de los niveles europeos de “rescate”. El tejido industrial está deshecho: 450.000 pequeñas y medianas empresas han quebrado en los últimos años y, entre las que sobreviven, escasea el circulante (los bancos no prestan dinero). Zapatero, por intereses electorales, ocultó la crisis en 2008, encubriéndola con dispendio público y puestos de trabajo ficticios. La tardanza para afrontar la crisis y las medidas erráticas que se tomaron fueron letales para España.

Las elecciones del 20 de noviembre han entregado 186 escaños para el Partido Popular de Rajoy, frente a los 110 del Partido Socialista de Zapatero y su adlátere Rubalcaba. El mejor y el peor resultado de su historia respectivamente. La ciudadanía ha confiado en Rajoy: quien, con 24 años, se convirtió en el registrador de la propiedad más joven de España; quien dejó una posición económica segura para dedicarse a la política, en la que lleva treinta años. Ha sido cuatro veces ministro y vicepresidente en los gobiernos de Aznar, que sacaron en 1996 a España de la bancarrota económica en que la había sumido Felipe González.

Queda todo por hacer. Habrá que reducir y simplificar la hiperbólica administración pública española: ministerios, diputaciones, alcaldías…; eliminar la financiación pública de partidos políticos, sindicatos, patronales…; emprender una reforma fiscal y laboral ambiciosa, que favorezca la creación de nuevas empresas y la contratación; diseñar una nueva Ley de Educación, asentada en la autoridad y el esfuerzo; reformar la Constitución para aumentar la independencia judicial; derogar la ley del aborto, protegiendo el derecho a la vida de los más indefensos y la maternidad…

España enfoca ya el futuro sin ingenuidad, pero con esperanza.

[Artículo publicado en La Revista Peninsular, Punto Medio (México, 21/11/2011), Diario 21 (Chile), Río Negro (Argentina, 22/11/2011) y en Diario Extra (Costa Rica, 30/11/2011)].

From → Política

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