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Más luz

29 noviembre, 2010

Se dice que las últimas palabras de Goethe fueron: “¡luz, más luz!”. Un apóstrofe que –cierto o no– condensa el vivir de este sabio apasionado por las gamas cromáticas, la poesía y la verdad. Anhelo compartido por Joseph Ratzinger: el alemán más influyente, después de Lutero, en la historia de la espiritualidad. Un niño espigado bajo el sol de la campiña bávara y de la liturgia. Un joven seminarista arrojado a la medianoche del nazismo. Un hombre que recalca su incapacidad para los deportes y esconde, sin embargo, que siempre fue el más listo de la clase. Catedrático de teología en Bonn, Münster y Tubinga. Jovencísimo pero destacado perito en el Concilio Vaticano II. Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe durante veinticinco años y uno de los primeros espadas de la teología en el siglo XX.

Entre sus más de cien libros publicados se encuentran cuatro largas entrevistas. Ningún otro Papa había escrito tanto y tan claro para el mundo. Y si entre estas sigue siendo Dios y el mundo (2000) la más extensa y esencial, hablaremos aquí de la última publicada: Luz del mundo (Herder, 2010). Un libro que amanece cuando la tormenta de los escándalos de pederastia truena todavía en el horizonte. Que se adentra en las simas del mal y que, pese a todo, proclama la persistencia del bien, el radiar de Cristo en el mundo. Que contempla la Iglesia como la presencia de Dios proyectada en la historia, la familia de Dios en la tierra. Como un organismo vivo, en continuo desarrollo, cuya razón de ser es la de apuntar como un sacramento (signo), como una flecha a Dios: abrir la puerta a Dios en el mundo. Cuya misión es conservar el tesoro de la fe. Y conservarlo dinámicamente, añado yo: como una madre conserva a su hijo, un matrimonio su amor o un ecologista la fauna y flora. ¿Preservar los robles milenarios? Sí; pero antes preservar, amar, dar vida renovada al tronco en continuo desarrollo de la fe. Cuyo oxígeno llega hasta el último slum de Calcuta, hasta la última favela de Río. Cuyas ramificaciones impredecibles admiramos en las columnas arborescentes de Gaudí.

Entrelazo ahora algunas ideas del libro. La sociedad moderna, junto a ciertos avances, ampara una libertad sin criterios y una restricción del concepto de razón (sólo sería tal lo científico-matemático). Ante la posibilidad de un uso arbitrario del conocimiento –en la genética, por ejemplo– hay que plantearse lo que es bueno para la persona. Porque el Bien está por encima de los bienes; porque ser persona es algo grande, un desafío; porque el conocimiento se transmite, pero el bien moral debe procurarlo de nuevo cada generación. Pese a todos los abusos históricos del concepto de bien y mal (y el “eje del mal” de Bush, añado, es un ejemplo cercano), y frente a una moral de consecuencias que afirma que el bien y el mal son relativos, debe distinguirse el bien y el mal: no todo está permitido. En este tema, como en otros, el relativismo lleva a un callejón sin salida, pues si el hombre no tiene capacidad para la verdad, tampoco la tiene para la ética.

Benedicto XVI apuesta, junto a otras soluciones coyunturales, por poner a Dios en el centro. Por fomentar un cristianismo de decisión, consciente, que opta por introducirse en el total de la fe. Acoger el carácter de curación y de don del cristianismo, que confiere a la vida mayor amplitud. En una palabra, romper la barrera del sonido de la finitud y dejarse formar por la misericordia de Dios.

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From → Espiritualidad

2 comentarios
  1. Anónimo permalink

    quique soy gabi, le he enseñado el blog a mi madre y se ha leido lo del papa me ha dicho que te felicite, porque le ha gustado mucho y sobetodo el final de poner a Dios en el centro de la vida del hombre.
    dice que es una gran admiradora de Benedicto XVI sigue mucho al papa y sus escritos, es gran lectora como tu, desde que leyo “Dominus Jesus” quedó cautivada por su manera de escribir. lo ultimo que esta leyendo es la biografia que ha hecho Pablo Blanco. bueno le gusta todo lo del papa.

  2. Pues me alegro mucho, Gabi. Yo tampoco conozco ningún escritor actual que explique el cristianismo de una manera tan profunda y a la vez sencilla como Benedicto. Que vaya todo bien y recuerdos a tus padres.

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