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El abrazo de las superpotencias

24 enero, 2011

Tras tres décadas de hostilidad, la visita de Nixon a China (1972) inició el acercamiento entre Washington y Beijín, unidos frente a un rival común: la URSS. Primaba la realpolitik, permitiendo incluso fotos con el inefable Mao Tse Tung. Al “Gran Timonel”, que sembró China de “campos de reeducación” (Laogai) y arrancó toda brizna de cultura, le sucedió Deng Xiaoping. Éste pasaría a la posteridad por la matanza de Tiananmen (1989), por su “teoría de los gatos” (no importa que el gato sea negro o blanco, mientras cace) y por iniciar la revitalización económica del país, que creció a partir de 1992 en torno al 10% anual. Luego vino Jiang Zemin y, a partir de 2003, Hu Jintao: actual Presidente de la República Popular de China.

Hu Jintao encabeza la “cuarta generación” de dirigentes chinos, formada por tecnócratas y hombres de leyes, menos ideologizada que las anteriores –han visto de cerca el sinsentido maoísta– y más pragmática. Sigue siendo una dictadura, pero ya apenas comunista y volcada de lleno a la modernización de un país atrasado. Las nuevas generaciones unen al materialismo filosófico de las precedentes la fiebre crematística del capitalismo salvaje. La brecha social entre el campesinado y las ciudades se ha ensanchado, especialmente en la zona costera, donde rige un capitalismo “de facto”. El “Reino del Centro”, tan nacionalista y orgulloso (no hay que olvidar las invasiones endémicas que ha sufrido, también en los siglos XIX y XX), se abre a regañadientes al mundo. Sobre todo a su economía globalizada –China es miembro, por ejemplo, de la OMC–, donde sabe que la colaboración comercial y diplomática con USA es decisiva.

Sirvan estas pinceladas como telón de fondo del desembarco de Hu Jintao en la tierra del Tío Sam, donde ha estado del 18 al 21 de enero. ¿Qué ha impulsado al cacareado Premio Nobel de la Paz a jalear al dictador chino? Motivos económicos y geoestratégicos, of course. China es el país más poblado del planeta (1345 millones de personas), la segunda economía del mundo y el tercero en extensión geográfica. Cuando tantos estados siguen sumidos en la crisis económica –en España ya sólo quedan por devorar los huesecillos– China creció el 10.3% en 2010. Y, como los Magos de Oriente, llegaba a USA con acuerdos comerciales por valor de 45 billones de dólares (19 de ellos para la compra de 200 aviones Boeing). Acuerdos que generarán 235.000 puestos de trabajo americanos. Además, convenía hablar de temas como el de la propiedad intelectual (sólo 1 de cada 10 usuarios chinos de Microsoft pagan lo debido) o la “guerra de monedas”. Y, a nivel geopolítico, los casos de Corea del Norte o Irán –y el fundamentalismo islámico–, donde ni USA ni China quieren conflictos.

Al líder chino le llovieron acusaciones de infringir los derechos humanos. Obama se lo recordó en dos ocasiones. “Las naciones son más exitosas y el mundo más justo cuando los derechos y responsabilidades… son respetados. Incluyendo los derechos universales de cada ser humano”. Y eso comprende el derecho de “libertad de expresión, de religión y de reunión”, que son “muy importantes y trascienden culturas”. Hu Jintao, tras conminar a USA a tratarles “con respeto y como iguales”, reconoció eufemísticamente que en derechos humanos “todavía queda mucho por hacer”. ¿Mucho?: queda todo por hacer. Y es que en China, más allá del férreo control del Partido y de las comunicaciones –sobre todo Internet–, los tribunales continúan admitiendo como prueba las confesiones bajo tortura. Se interna a los detenidos en “cárceles negras” y psiquiátricos, se tortura y se producen muertes bajo custodia. Los juicios farsa están a la orden del día y se persigue a los defensores de derechos humanos y sus abogados. El Nobel Liu Xiaobo, por ejemplo, sufre condena de 11 años de cárcel.  Se producen detenciones masivas en la Región Autónoma Uigur del Xinjiang, se mantiene el aborto coercitivo y se hostiga a cristianos y miembros del Falun Gong. Negro panorama denunciado, entre otros, por Amnistía Internacional. Si China es la superpotencia emergente más vale que le enseñen la dignidad de la persona humana. Quizá lo descubriría ella misma si abandonara los libros huecos de Mao y abriera los de Confucio.

[Artículo publicado en La Opinión de Tenerife y en La Información (27/01/2011)].

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From → Política

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