Skip to content

Lenin y Juan Pablo II

30 abril, 2011

Lenin es, sin duda, uno de los líderes más influyentes del siglo XX. Sin él no hubiera triunfado la Revolución de Octubre de 1917 ni el Partido Comunista ruso. Fue un hombre nacido por y para la revolución, un organizador nato de ingeniería social o política  totalitaria. Gnóstico moderno, creía poseer un “conocimiento científico profundo” (el socialismo), para cuya implantación todos los medios eran válidos. En 1918 instigaba a la “eliminación de la tierra rusa de todo los tipos de insectos dañinos” (propietarios, profesores de secundaria, sacerdotes, pacifistas…), calificados como “ex personas”. Sólo entre 1918 y 1920 se produjeron 300.000 ejecuciones políticas.

Nuestro activista frenético se inspiró en los escritos de Marx, quien, con Nietzsche y Freud, son los grandes demoledores del concepto judeocristiano de “culpa” y “responsabilidad personal”. La moral queda sepultada bajo el peso de las estructuras económicas, la voluntad de poder o la libido. La persona es un títere accionado por fuerzas ciegas que conculcan su libertad responsable. En un mundo sin Dios, sin libertad interior e inteligencia directora, la dignidad humana se desvanece. Como decía Trotski: “Debemos poner fin de una vez por todas a toda esa palabrería cuáquera-papista sobre la santidad de la vida humana”.

Tan influyente como el mismo Lenin (uno en la ascensión, el otro en la caída del comunismo), y en cierto modo su antípoda, Juan Pablo II dedicaría toda su vida a “dar testimonio del Evangelio y servir a la dignidad del hombre”. No en vano, el Wadowice natal de Karol Wojtyla se encuentra a sólo 20 km de Auschwitz. A alguien que presenció cómo el nazismo asesinaba a sus amigos judíos, cómo el comunismo hacía lo mismo con millares de polacos, no era necesario explicarle el drama del totalitarismo: “la absolutización de lo que es relativo” (Benedicto XVI), la conciencia yugulada por las directrices del Estado.

Frente a la tentación del odio o la desesperación, Juan Pablo II se describió siempre como un “testigo de esperanza”. Porque “ningún siglo puede ocultar la verdad de la imagen y semejanza” (de la persona con Dios); porque el ser humano “no está solo en medio de los enigmas de la existencia: ¡está rodeado por el amor del Creador!”. En una de sus poesías exclama: “¡para, este pasar tiene sentido!”, el río de la vida no lleva al sumidero de la nada sino hacia horizontes de eternidad. Y se plantea: “¿con qué medida se medirá al hombre? […] La medida de la conciencia, la medida del espíritu abierto a Dios”. El Papa que ahora la Iglesia beatifica es, ante todo, un poeta asombrado ante el misterio de la naturaleza humana, ante su grandeza y dignidad inviolables. Un testigo del “siglo de media noche, el más atroz de los siglos” (Steiner) y que, pese a todo, clama: “¡no tengáis miedo!”.

[Artículo publicado en El Faro (03/05/2011) y en La Opinión de Tenerife (05/05/2011)].

Anuncios

From → Espiritualidad

5 comentarios
  1. Inma Boadas permalink

    Hola Fernado, m´ha agradat molt.

    Realment Juan Pau II, ha estat amb el seu caractaristic somriure de mitga lluna una contraposició i una inmensa llum, el segle de mitga nit del que fa referencia Steiner. Besos

    Imma.

  2. Quina bona definició, Inma! I una abraçada de l’Enrique.

  3. Maribel León permalink

    ¡Felicidades Enrique! Te felicito por este magnífico articulo.

  4. Hola:

    Al ver esa imagen del principio creí que iba a ser un artículo halagador para ambos personajes, pero no… jajaj. En mi opinión esas dos personas son lo más grande que ha habido en el siglo XX, el primero por su inquebrantable determinación por crear una sociedad más igualitaria, más justa, más, en cierto sentido, como describe la Biblia que eran las primeras civilizaciones cristianas en los hechos de los apóstoles, en contra de esta sociedad capitalista y egoísta, que solo busca (dicho irónicamente pues en el artículo aparece en voz contraria) la voluntad de poder y la vida llena de material; y el segundo por su incansable actitud para, como bien pone en el artículo, recordar que el ser humano no es nada sin el Señor y las enseñanzas que se llevan transmitiendo sobre la ética que se ha de seguir.

  5. Sí, Axel, Lenin tenía una voluntad de acero y deseos de justicia social… Pero, a partir de ahí, nada que ver con los primeros cristianos de los Hechos de los apóstoles. Ellos, por su fe en Jesús y su Ekklesia, propagaron la buena nueva pacíficamente, perdiendo muchos de ellos su vida como “testigos” (mártires). Lenin, en cambio, era ateo, y para lograr sus objetivos no se dejó matar sino que mató a destajo, instaurando una “dictadura del proletariado” que no acabó hasta que en 1989-91 los pueblos del Este se revelaron contra el sistema carcelario más grande de la historia. La pesadilla no empezó con Stalin (como se quiere hacer creer); empezó con Lenin, y hay numerosos estudios de muy variado origen que lo prueban. El régimen del Zar era injusto, sí, ¡pero quién no hubiera preferido su injusticia a la de los Soviets!

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: