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Sic transit opprobrium mundi

24 octubre, 2011

Como un guiñol, como un guiñapo. Como el “Joker” de Batman interpretado por Heath Ledger o el último Michael Jackson (también malogrado). Rostros macabros de lo que pudo ser y no fue, de lo que acabó siendo. “Como se vive, se muere”, reza el refrán. Así, el histrión que fue en vida Muamar el Gadafi ha desaparecido del mundo tratando de huir, saturado de bótox y túnicas de piel de cordero, de sangre y tierra: la arena levantisca del desierto que pronto borrará sus huellas.

Deja tras de sí 42 años de dictadura y una serie de políticas erráticas que han fluctuado entre el panarabismo socialista de Nasser, las corrientes islamistas o el panafricanismo (fue uno de los artífices de la Unión Africana). Como en todo dictador que se precie, no podía faltar el manual de instrucciones –de dictados– a los involuntarios usuarios de la dictadura. En este caso, y a imitación de Mao, el Libro Verde, con sus tres partes: El poder del pueblo, El socialismo y La base social. Nacionalizó gran parte de las empresas de Libia y esgrimió siempre una retórica anticolonial. Por eso se le llamó por algún tiempo el “Che Guevara árabe”.

Más allá de las extravagancias del sujeto (su Guardia Amazónica de vírgenes, sus gafas Vuitton y vestidos), quedará para la historia el atentado de Lockerbie, su apoyo a  terroristas –el IRA, la ETA y las FARC– o las brutalidades contra su pueblo. Como se recordará también el soporte que le brindaron las potencias occidentales. Así, por ejemplo, su recepción en España, en 2007, con honores de Jefe de Estado. Ahí estaba el Rey (siempre pronto a hacer o firmar cualquier cosa) y, por supuesto, Zapatero, que le agasajaría con una cena pantagruélica en la Moncloa. Poco sorprendente resulta, a la vista de tanto halago, que se hayan encontrado en Misrata bombas de racimo fabricadas en 2007 en España y vendidas al líder de los camellos y las jaimas.

Berlusconi encontró en Gadafi el terror de la inmigración ilegal subsahariana y, claro, un sonado compañero de orgías. La CIA usó libia como filial torturadora de islamistas (como el ahora comandante rebelde en Trípoli, Abul Hakim Belhaj) y la London School of Economics vendió, por 1,5 millones de libras en concepto de donaciones, un doctorado a Saif Al-Islam –o “Espada del Islam”–, ese hijo de Gadafi tan occidental que llamó a “limpiar” Trípoli de “drogadictos, vagos y mocosos” (o sea, de rebeldes). Ante tanta obscenidad, ¿qué decir del apoyo occidental a los rebeldes, en una guerra toda ella empedrada de mentiras? ¿Alguien sabe, para empezar, quién demonios son los rebeldes?

Así pasa el oprobio del mundo, el títere accionado por la U.R.S.S. o por USA, el “líder de la Revolución libia” acribillado desde el aire por sus amigos de ayer y rematado por los hoy revolucionarios de Libia.

[Artículo publicado en La Tribuna de Albacete (21/10/2011), Nueva Alcarria (23/10/2011), el Correo del Caroní (Venezuela, 24/10/2011), La Razón de México, La Tribuna de Toledo, Río Negro (Argentina), La Razón: el diario nacional de Bolivia (25/10/2011), en Diario 21 (Chile, 26/10/2011) y en La Prensa Hispana (USA, 28/10/2011)].

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From → Política

One Comment
  1. Anónimo permalink

    Però … quin comentarista polític!!!! Què ben escrit, que trufat de cites i d’esdeveniments en la vida de Gadafi, quina síntesis tan “bona”. Pilar

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