Skip to content

El Dios de la cueva

24 diciembre, 2011

Gaudete, gaudete! Christus est natus ex Maria virgine, gaudete! “Un Dios muy pequeñito al que se puede estrechar entre los brazos y cubrir de besos. Un Dios calentito que sonríe y que respira, un Dios al que se puede tocar y que vive” (Sartre). Un Dios que nace en una cueva, en una gruta de la recóndita Belén. La caverna ya no es un abismo trágico, inconsciente, telúrico, guarida de prófugos y brujas. Ya no es ese símil del mundo donde, según la tradición zoroástrica y griega, los hombres permanecían encadenados por su ignorancia.

Et Verbum caro factum est et habitavit in nobis. Dios se ha encarnado, ha acampado entre nosotros. Toda huida del mundo es estéril por cuanto el mundo ha quedado preñado de Dios. Jesús ha nacido del vientre sagrado de la mujer (¿qué ámbito humano hay más sagrado que la matriz, donde se gesta toda vida humana?). Jesús ha nacido en una gruta: en el vientre de la tierra. El mundo, desde sus cimientos, está ahora transido de Dios. El mal sigue serpenteando, pero culebrea ahora desenmascarado. Nadie confundirá ya la divinidad con Moloch: ningún Dios fenicio o azteca tragará en adelante niños ni sacrificios humanos. Dios es inocencia y verdad. Dios es Luz. Dios es un Niño que ríe y llora, “un nuevo comienzo, un juego, una rueda que se mueve por sí misma, un primer movimiento, un santo decir sí”… un “decir sin límites: sí y amén” (Nietzsche). Desde hace dos milenios “la luz brilla en las tinieblas” (Jn 1, 5).

Ubi caritas gaudet ibi est festivitas. Así exultaba S. Juan Crisóstomo: “donde se alegra el amor, allí hay fiesta”. No una fiesta espuria, nevada de confeti, que se celebra a sí misma. La Navidad, el dolç Nadal, la Merry Christmas, la joyeux Noël celebrada en todos los idiomas, que es, con la Pascua, la fiesta entre las fiestas. Donde uno posee o recibe lo que ama. Donde ese don, regalo gratuito, se recibe en común. Alegría por tanto compartida, comunitaria, que afirma el sentido del mundo –¡qué bien que él exista!– y lo celebra hasta el derroche. Gastos extras para festejar el acontecimiento; pero, ante todo, sobreabundancia espiritual, contemplativa, de amor para acoger el don, la belleza que se nos regala. Como decía un sabio, “la única manera de saber reír es tomarse en serio la trascendencia”. Por eso todo cántico espiritual (de S. Francisco de Asís, S. Juan de la Cruz o Joan Maragall) es una afirmación del mundo. Porque el mundo no es ningún cuento sin sentido contado por ningún idiota. Lo ha nombrado Dios y ha visto que es bueno y bello. Lo ha renacido, lo ha colmado y redimido desde la cueva de amor viva de Belén a la gruta sepulcral que hizo estallar de luz el día en que Resucitó.

[Artículo publicado en La Revista Peninsular, Punto Medio, El diario de Cohauhila (México), Expreso (Ecuador), La Hora (Venezuela, 24/12/2011), El Día (España, 26/12/2011) y en el Diari de Tarragona (27/12/2011)].

Anuncios

From → Espiritualidad

Dejar un comentario

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: