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El pontificado del papa teólogo

9 marzo, 2013

benedicto xvi

Una vez efectuada la revolucionaria renuncia de Benedicto XVI, es momento de hacer balance de sus ocho años de pontificado. Un tiempo marcado tanto por los escándalos como por el magisterio lúcido de uno de los papas más inteligentes y sabios de la historia de la Iglesia católica. Un brillante teólogo capaz de manejar una decena de lenguas y debatir con intelectuales de la talla de Jürgen Habermas, George Steiner, Julia Kristeva, Hans Küng o Flores d’Arcais. En este sentido, el Premio Nobel Vargas Llosa ha ponderado el “vigor dialéctico” y la “elegancia expositiva” de los libros del papa, a los que ha calificado de hechiceros, sugerentes y hasta turbadores.

Acaso el mismo perfil intelectual de Benedicto XVI le haya dificultado el manejo de la Curia Romana, que ha sido, sin duda, el talón de Aquiles de su pontificado. No tuvo fortuna en la elección de sus colaboradores más cercanos: desde el discutidísimo Secretario de Estado –el cardenal Tarcisio Bertone– o el incompetente portavoz Federico Lombardi, hasta su mayordomo, principal filtrador del Vatileaks. De esa Curia provinieron las mayores resistencias ante los intentos de clarificar las cuentas del Banco Vaticano (el IOR), que se saldarían con la confusa destitución de su director Gotti Tedeschi.

A nivel de gobierno, Benedicto XVI concentró sus esfuerzos en limpiar la Iglesia de la lacra de la pederastia. Además de reunirse varias veces con las víctimas, pidiéndoles perdón públicamente en nombre de la Iglesia, el papa condenó a Marcial Maciel (fundador de los Legionarios de Cristo) y forzó la renuncia de sacerdotes y obispos, por participación activa o por encubrimiento de esos crímenes. En una carta de 2010 a la Iglesia en Irlanda conminaba a los sacerdotes culpables a “responder ante Dios y ante los tribunales”. Junto a todo ello, el papa convocó un encuentro eclesiástico sobre el tema, del que se derivaron medidas concretas y tajantes para evitar en el futuro ningún nuevo caso.

Su mensaje, que se confrontó desde el principio con la “dictadura del relativismo”, orbitó en torno al concepto de “verdad”, reconocible por los caminos diversos –pero no contradictorios– de la fe y la razón. Frente a los peligros de una fe sentimental o fundamentalista, Benedicto XVI defendió una fe razonada y razonable, pues sólo porque Jesús es “Logos” (Palabra, Razón), es posible el “diá-logos”: la comunicación y la comunión con Él y con los demás. Y, frente a los profetas del ateísmo (Feuerbach, Nietzsche, Sartre), para quienes Dios impediría la realización del hombre, afirmó Ratzinger desde el primer día que Dios no es un tirano, sino un Padre: el Amor que posibilita el florecimiento y la felicidad de la persona, transformando su vida chata en una realidad “libre, bella y grande”.

[Artículo publicado en Diario 21 (Chile, 6/3/2013), Diario de Ávila (España, 8/3/2013), Rionegro y La Prensa (Argentina y Nicaragua, 9/3/2013), EL SOL News (Estados Unidos, 10/3/2013), HOY (España, 11/3/2013) y La Crónica de León (España, 13/3/2013)].

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From → Espiritualidad

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