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Elogio del maestro

30 abril, 2014

Escuela de Atenas

“En el mundo, hora tras hora | me enseñabais cómo el hombre se hace eterno”. Así honra el narrador y protagonista de la Commedia de Dante a su maestro, Brunetto. Eternizar, trascender el instante, rebasar lo petrificado y proseguir hasta el abrazo de lo vivo: eso es el arte de enseñar. Eso realizó, divinamente, el hombre que transformaría para siempre la historia de Occidente, y al que sus discípulos de Judea llamaban “Rabbi”: “maestro”. Maestro de vida, de esperanza, de amor. Como Sócrates, que con su “mayéutica”, con su destreza para alumbrar la verdad en el discípulo a través de las preguntas y respuestas, empedraría el camino de la pedagogía. Como Aristóteles, el hombre más sabio de la Antigüedad, que imprimió su huella en un alumno macedonio de trece años, más tarde conocido como Alejandro Magno.

Enseñar no es sólo un oficio: es una vocación. Una llamada desde la entraña del ser a realizar el misterio de la transmisión. A ser servidor de la palabra, del pensamiento, de la vida. A esparcir el logos de la sabiduría a los cuatro vientos, para que su semilla germine en el alma de toda persona. A difundir la luz del conocimiento, como un fanal a veces inadvertido, pero sin cuya luz nada sería en la oscuridad; en la noche de la ignorancia en la que nace todo ser humano y en la que, de no ser por los grandes maestros, quedaríamos sumidos hasta la muerte. El maestro –aquél que se hace merecedor del tal nombre– es el sembrador de todo lo que vuelve humanos a la mujer y al hombre. Por eso se pudo decir del rabbi Yehiel Mikhal, a finales del siglo XIX, que era “el alma del alma”: quien reverdecía, quien embriagaba y encendía de pasión el núcleo vital y espiritual de la persona.

El maestro es un artista que trabaja con el material más puro, el más bello y, a la vez, el más quebradizo: la misma persona. En sus manos se encuentra una intimidad libre, un cuerpo animado; alguien a quien la intervención del maestro puede destruir o elevar hasta las estrellas. Y es que, como advierte Platón, “la voz del maestro es mucho más decisiva que cualquier libro”. De ahí la responsabilidad infinita del maestro, pues está en contacto con la infinitud de la persona. Debe responder a esa llamada que le empuja no sólo a enseñar, sino también a formar. A dar forma a lo informe, a pulir, a tallar; a guiar con su inspiración, su experiencia y su talento el navío todavía frágil del alumno. Y debe hacerlo desde una imagen de la persona, desde un ideal, desde un horizonte.

Se ha dicho que “la educación es el otro nombre de la libertad” (Danilo Medina). Y es que, si como afirmó el Maestro, “la verdad os hará libres” (Jn 8:32), tanto más libre es una persona cuanto mayor es su conocimiento de la verdad. La verdad instrumental, propia de la ciencia, y la verdad espiritual –filosófica, artística y religiosa–, sin la cual el ser humano queda preso de la inmanencia, la vacuidad o la angustia existencial. Por eso “cada lección del aula es una lección de libertad” (George Steiner): porque amuebla la mente y vigoriza la inteligencia de los alumnos; y así, hermanándolos con la sabiduría, asienta las bases de una sociedad abierta y democrática: una sociedad libre, capaz de resistirse a la injusticia y de forjar pacíficamente su destino.

El maestro es un forjador de libertad y un sembrador de esperanza. “Un maestro es el celoso amante de lo que podría ser” (Steiner). En cada alumno no ve sólo el boceto que ya es sino, sobre todo, la obra maestra que podría llegar a ser. Y, ante el yerro del estudiante, ante su desaliento o apatía, le instila pasión y esperanza. Sabe que, como esculpió Antonio Machado, “hoy es siempre todavía”, y que la persona sólo crece proyectada hacia el futuro: hacia el amanecer de sus metas y sueños; de sus ideales, de sus anhelos y esperanzas. De ahí que, a la caza del vergel de lo que podría ser, acompañe al alumno en el inicio de su aventura y le done sus tesoros más preciados: su confianza, su esperanza y su amor.

[Publicado en Acento el 30/04/2014]

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4 comentarios
  1. Anónimo permalink

    Verdaderamente no se que Elogio utilitzar, para expresar lo acertado, bello e ilustrado de tu articulo. Mis mas sinceras felicitaciones. Es un gran placer para el oido, el corazon y la mente poder disfrutar de tus articulos.

    Imma Boadas.

    • Moltes gràcies, Inma! Tan de bo pugui seguint merèixer, durant molts anys, lectors tan sensibles i intel·ligents com tu, que coneixen la importància del so i del ritme a l’escriptura. Una forta abraçada per a tu i les dolces i belles filles que tens!

  2. Realmente me ha encantado el artículo Enrique. Es como una bocanada de aire fresco

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